Nos gusta jugar. Pero todavía más nos gusta crear.

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Que en Antitropic nos gusta jugar es un hecho.

Pero, sobre todo, nos gusta jugar al metajuego: crear cosas.

Ver una idea, tirar del hilo, profundizar hasta descubrir dónde termina. Empezar proyectos que, sobre el papel, parecen una locura y que, cuando finalmente cobran vida, te hacen pensar:

«Ha sido divertido.»

Durante estos últimos meses hemos creado varios juegos. Ninguno nació con la intención de hacerse viral ni de cambiar la industria. Todos tenían el mismo objetivo: aprender.

Aprender, probar, equivocarnos, observar cómo reacciona la gente, enfrentarnos a problemas nuevos y evolucionar un poco más en cada proyecto.

Y hemos aprendido muchísimo.

Desde montar nuestras propias VPS dedicadas hasta descubrir cómo un pico inesperado de usuarios puede dejar un servidor sin recursos. Hemos comprobado lo difícil que es conseguir que un juego enganche de verdad. Hemos analizado la relación entre el esfuerzo invertido y la respuesta obtenida. Hemos trabajado únicamente con crecimiento orgánico y también con campañas de pago. Hemos mantenido redes sociales, diseñado, programado, ilustrado, optimizado…

Y, casi sin darnos cuenta, hemos dejado de pensar únicamente como desarrolladores.

Cada proyecto nos ha obligado a convertirnos un poco más en product managers, diseñadores de experiencia, analistas, administradores de sistemas, artistas, marketers… o simplemente personas que intentan entender cómo funciona todo esto.

Siempre intentando dar un paso más.

Asumir un poco más de responsabilidad.

Aprender un poco más.

Ver hasta dónde llega el barro…

Y la verdad es que está siendo increíblemente divertido.

Porque al final la vida es eso: un enorme lienzo en blanco donde probar nuestras ideas.

Y el mundo digital nunca deja de sorprenderte. Justo cuando sientes que ya entiendes una tecnología, aparece otra haciéndote un guiño, como en ese meme del novio distraído.

Probablemente deberíamos aprender a parar.

Pero…

¿Tú sabes hacerlo?

Porque nosotros no.


De aquellos polvos…

…estos lodos.

Y de todo ese recorrido nace nuestro último proyecto.

SkullyEdu

Es un proyecto sencillo.

Pero detrás hay una idea que para nosotros es muy importante.

Ayudar a cuidar a nuestros hijos.

Seguro que a muchos os ha pasado.

Tres horas de tren.

El pequeño ya no sabe qué hacer.

Empieza a subirse por las paredes.

Y llega el último recurso.

«Toma, juega un ratito con el móvil…»

Buscas cualquier juego con clasificación PEGI 3.

Parece inofensivo.

Cinco minutos después, entre anuncios, recomendaciones y mecánicas diseñadas para retener su atención, casi ha terminado jugando a GTA… antes incluso de que haya salido al mercado.

Entonces empiezas a fijarte con otros ojos.

Analizas esos juegos.

Y descubres patrones.

¿Están diseñados para generar dependencia?

¿Para disparar constantemente pequeñas dosis de dopamina?

La respuesta es sí.

Y no solo en los videojuegos.

También ocurre en redes sociales.

En aplicaciones de citas.

En tiendas online.

En muchas de las aplicaciones que utilizamos cada día.

Todos competimos por la atención.

Todos quieren que vuelvas una vez más.

Un clic más.

Cinco minutos más.


Nuestra pequeña idea

Nosotros queremos probar otro camino.

No pretendemos hacer juegos aburridos.

Al contrario.

Queremos que sean muy divertidos.

Pero también queremos que sean lo menos adictivos posible.

Sin anuncios.

Sin compras agresivas.

Sin recompensas infinitas.

Sin obligar a hacer mil clics para conseguir cien monedas.

Si en nuestros juegos tienes que «minar»…

…no será pulsando un botón doscientas veces.

Será resolviendo un problema de matemáticas.

Analizando una frase.

Aprendiendo gramática.

Descubriendo algo nuevo.

Que el tiempo delante de la pantalla deje algo útil cuando termina.


Dos objetivos muy claros

Con esta idea intentamos atacar dos frentes.

El primero es dar tranquilidad a los padres.

Que cuando abras uno de nuestros juegos sepas qué va a encontrar tu hijo.

Que no aparezca de repente con un AK-47 intentando atracar un banco en San Andreas.

El segundo es mucho más sencillo.

Aprovechar ese rato frente a la pantalla para aprender.

Que cuando dentro de unos años dude cuánto es 7 × 8…

…quizá no tenga que sacar la calculadora.


No sabemos hasta dónde llegará este proyecto.

Quizá funcione.

Quizá no.

Pero, sinceramente, ya ha merecido la pena.

Porque el verdadero juego nunca ha sido únicamente el videojuego.

Ha sido todo lo que hemos aprendido mientras lo construíamos.

Y ese metajuego…

…está siendo, con diferencia, la mejor partida de todas.

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