Nunca una canción dijo tantas mentiras en tan poco espacio.
Y mira que me encanta esa puta canción.
Pero no. El vaso no es tu amigo. No existe ese ellos del que tengas que huir o al que tengas que enfrentarte. La ciudad probablemente siempre fue la misma. No eres inmortal. Y está muy bien que quieras ser más rápido que ellos, pero tengo malas noticias: no lo eres.
Porque la vida no es blanca o negra.
Es gris.
Y tú también eres gris.
Hoy eres esplendor y mañana miseria. Hoy tiñes de negro un lienzo blanco y mañana te encuentras frente a un muro oscuro intentando pintarlo con rayos de luz.
Y sí, a veces la vida es un baile salvaje. Un combate a mala cara. Hay días en los que parece que alguien ha decidido repartir hostias y tú has comprado todas las papeletas.
Pero también es el lugar más bello del universo por una razón tremendamente sencilla:
es el único que tienes.
Y la vida no siempre es guerra, aunque a veces lo sea.
A veces la vida es simplemente ese momento en el que te pones una canción y notas un escalofrío recorriéndote la espalda.
A veces es un dibujo que consigue evocarte un sentimiento limpio que ni siquiera sabes explicar.
A veces es mirar a los ojos a una persona que, por algún motivo que probablemente jamás comprenderás del todo, consigue que el corazón te lata un poco más fuerte.
O una sonrisa.
Una puta sonrisa capaz de cambiarte el estado de ánimo durante unos minutos.
Por eso, aunque me encante Barricada, después de unos cuantos años por aquí empiezo a sospechar que la vida tiene bastante de blanco y bastante de negro, pero que si consigues mirarla con suficiente distancia vas a encontrar, casi sin margen de error, gris.
Porque hasta la vida más perra ha tenido algún día por el que dar las gracias.
Y hasta la vida más sedosa ha tenido un día de esparto.
Ya que jugamos con refranes, podríamos decir que la vida tiene dos camisetas: una de seda y otra de esparto.
Y sólo tú sabes cuánto has cambiado entre una y otra.
Quizá esa sea una de las pocas ventajas de llevar unos cuantos años en este circo.
Alguna herida ya te has curado.
Alguna caricia te has llevado.
Has descubierto que algunas cosas que parecían el fin del mundo simplemente terminaron. Que algunos días maravillosos que parecían normales sólo eran maravillosos porque todavía no sabías que iban a terminar.
Y con un poco de suerte has aprendido algo entre medias.
No necesariamente a sufrir menos.
Quizá simplemente a reconocer el esparto cuando llega.
Y a disfrutar un poco más de la seda mientras todavía la llevas puesta.
Sólo espero que, cuando mires tu propio gris, haya un poco más de claro que de oscuro.
Y si no lo hay, que al menos las cicatrices hayan conseguido hacer ese oscuro un poco más soportable.
Porque dicen que la vida son dos días.
Y si sabes de qué te estoy hablando, probablemente uno ya lo hemos caminado.
Siempre de la resistencia, siempre Barricada
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