Universo 25

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Cuando tenerlo todo no fue suficiente

En los años 60 y 70, el investigador John B. Calhoun realizó una serie de experimentos con ratones. El más famoso terminó siendo conocido como Universo 25.

La idea parecía sencilla: crear un pequeño paraíso.

Comida ilimitada.
Agua ilimitada.
Refugio.
Temperatura estable.
Sin depredadores.

Los ratones solo tenían que vivir.

Al principio la población creció rápidamente. Pero con el tiempo empezaron a aparecer comportamientos extraños. Agresividad. Aislamiento. Abandono de las crías. Problemas reproductivos.

Algunos machos directamente dejaron de competir, aparearse o relacionarse. Comían, dormían y se acicalaban.

Calhoun los llamó “the beautiful ones”.

Finalmente, la colonia dejó de reproducirse y desapareció.

Y aquí es donde resulta difícil no mirar hacia nosotros.

Porque quizá lo interesante de Universo 25 no sea la superpoblación.

Quizá sea qué ocurre cuando desaparece la necesidad de hacer cosas difíciles para obtener una recompensa.

Nunca habíamos tenido tantas recompensas tan baratas.

¿Quieres entretenimiento? TikTok.

¿Comida? Delivery.

¿Sexo? Porno.

¿Reconocimiento? Likes.

¿Competición? Videojuegos.

¿Interacción social? Redes.

¿Una respuesta? IA.

Puedes vivir rodeado de millones de personas y sentirte solo.

Puedes tener 2.000 seguidores y no tener a quién llamar un martes a las tres de la mañana.

Incluso puedes pasar buena parte de tu vida sin necesitar demasiado a los demás.

Supermercado. Amazon. Netflix. Teletrabajo. Tinder. ChatGPT.

Y eso plantea una pregunta incómoda:

¿Qué ocurre con un animal profundamente social cuando cooperar deja de ser imprescindible para sobrevivir?

Pero hay una diferencia fundamental.

Nosotros no somos ratones.

Podemos inventar propósito.

Corremos maratones sin que nadie nos persiga. Hacemos deporte sin necesitar cazar. Pintamos. Construimos cosas. Aprendemos idiomas. Tenemos hijos. Cuidamos jardines. Hacemos senderismo. Creamos videojuegos.

Nos inventamos dificultades porque, curiosamente, parecemos necesitarlas.

Por eso Universo 25 no debería entenderse como una profecía sobre nuestra civilización.

Es algo bastante más interesante.

Una metáfora.

Quizá el peligro de una sociedad extremadamente cómoda no sea volvernos estúpidos ni desaparecer.

Quizá sea construir un mundo donde podamos obtener placer, reconocimiento y entretenimiento sin necesitar demasiado esfuerzo, comunidad ni propósito.

Y entonces aparece una pregunta que Calhoun nunca pudo hacerles a sus ratones:

Cuando ya tienes todo lo necesario para sobrevivir, ¿para qué quieres vivir?

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