La búsqueda del éxito nos aleja de ser humanos.
A veces pienso que queremos ser Dios.
No tener hambre.
No cansarme.
No enfermar.
No fallar.
No perder el control.
No necesitar dormir.
No sufrir.
Todo parecía empujarme en la misma dirección: dejar de ser humano.
Estamos comprando un ideal imposible
Vivimos rodeados de mensajes que parecen hablar de salud, éxito o disciplina.
Pero si los unes todos, cuentan otra historia.
No comas.
Entrena más.
Levántate a las cinco.
No pierdas el tiempo.
No envejezcas.
No tengas arrugas.
Sé productivo.
Haz diez burpees más.
No descanses.
No seas pobre.
No seas mediocre.
No dependas de nadie.
Uno por separado podría parecer razonable.
Todos juntos construyen un ideal imposible.
El de un ser sin límites.
El negocio es venderte productos
Aquí está la parte interesante.
Una persona satisfecha consume poco.
Come cuando tiene hambre.
Descansa cuando está cansada.
Tiene amigos.
Disfruta de una pizza un viernes.
Hace deporte porque le gusta sentirse bien.
No necesita mucho más.
Pero una persona convencida de que nunca es suficiente…
…es un cliente perfecto.
Por eso gran parte del mercado no vende productos.
Vende una identidad futura.
«Cuando consigas esto, entonces serás suficiente.»
Spoiler: ese día nunca llega.
Confundimos salud con perfección
Hay una diferencia enorme entre cuidar el cuerpo y rechazarlo.
Una persona puede entrenar porque ama su cuerpo.
Otra puede entrenar porque odia el cuerpo que tiene.
Desde fuera hacen exactamente lo mismo.
Por dentro viven historias completamente distintas.
Lo mismo ocurre con el dinero.
Con el trabajo.
Con el éxito.
Con las relaciones.
El problema nunca fue querer mejorar.
El problema es creer que solo mereces existir cuando ya hayas mejorado.
El éxito también puede deshumanizar
Quizá la mayor contradicción de nuestra época es esta.
Decimos que queremos vivir mejor.
Pero muchas veces perseguimos objetivos que exigen vivir menos.
Dormir menos.
Comer menos.
Descansar menos.
Disfrutar menos.
Aceptar menos nuestros límites.
Como si el premio de la vida consistiera en parecer cada vez menos humano.
«El mercado quiere que no aceptes que eres un ser humano.»
Quizá la verdadera libertad consista en no comprar los ideales que alguien quiere venderte.
Habla de una cultura que convierte cualquier límite humano en un problema que necesita una solución de pago.
Y esto me recuerda al inicio de Trainspotting.
«Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales. Elige pagar hipotecas a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos. Elige bricolaje y preguntarte quién coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá a ver tele-concursos que embotan la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable, siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida… ¿pero por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida: yo elegí otra cosa…»
Pero por favor,
Yo también elegiría otra cosa.
Elegiría cuidar mi cuerpo sin odiarlo.
Elegiría querer a quienes tengo cerca.
Elegiría descansar cuando estoy cansado.
Elegiría disfrutar de este regalo al que llamamos vida.
Porque quizá el verdadero éxito nunca consistió en parecer un dios, sino en aprender a ser humano.
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