Dark: la serie que en realidad habla sobre nosotros

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Cuando alguien recomienda Dark, suele hacerlo diciendo que es «la mejor serie sobre viajes en el tiempo». Y sí, los viajes temporales son el motor de la historia. Pero quedarse ahí es perderse lo más interesante.

En realidad, Dark es una reflexión sobre el destino, la identidad y la libertad. Una serie que utiliza la ciencia ficción para explorar algunas de las preguntas filosóficas más antiguas de la humanidad.

Desde el principio, los personajes intentan cambiar su futuro. Viajan al pasado para evitar tragedias, corregir errores o salvar a quienes aman.

Sin embargo, cada intento produce exactamente el resultado que querían evitar.

La serie plantea una idea inquietante: ¿y si nuestras decisiones ya estuvieran escritas? ¿Y si aquello que creemos una elección libre fuera simplemente otra pieza del engranaje?

Esta visión recuerda al determinismo, la corriente filosófica que sostiene que todo acontecimiento está causado por otro anterior. En ese universo, el libre albedrío sería una ilusión.

Una de las influencias más claras de Dark es el filósofo Friedrich Nietzsche y su concepto del eterno retorno.

La idea es sencilla y perturbadora: imagina que tu vida, exactamente tal y como la has vivido, fuera a repetirse una y otra vez por toda la eternidad.

En la serie, las familias reviven los mismos conflictos generación tras generación. Los personajes creen romper el ciclo, pero terminan alimentándolo.

Por eso una de las frases más repetidas cobra tanto sentido:

«El principio es el final y el final es el principio.»

No existe una línea recta. Solo un círculo.

Otro de los grandes símbolos de la serie procede del gnosticismo.

La organización Sic Mundus Creatus Est toma su nombre de antiguas tradiciones filosóficas y religiosas que consideraban el mundo material como una prisión de la que solo podía escaparse mediante el conocimiento.

En Dark, esa prisión no son los muros.

Es el tiempo.

Todos conocen fragmentos de la verdad, pero ninguno comprende el sistema completo. Y mientras no lo hacen, siguen atrapados repitiendo los mismos errores.

No resulta difícil encontrar un paralelismo con la vida cotidiana. Muchas veces creemos elegir libremente, cuando en realidad repetimos patrones familiares, emocionales o sociales que nunca hemos cuestionado.

La serie también bebe de las ideas del psicólogo Carl Gustav Jung.

Los personajes llegan a encontrarse literalmente con versiones jóvenes, adultas y ancianas de sí mismos.

Es una representación casi perfecta del proceso de enfrentarse a nuestra propia sombra: aceptar quiénes fuimos, quiénes somos y quiénes podríamos llegar a ser.

No luchan contra un enemigo externo.

Luchan contra ellos mismos.

Aunque aparecen agujeros de gusano, relatividad o paradojas temporales, Dark nunca pretende ser un documental sobre física.

La ciencia funciona como un lenguaje para hablar de cuestiones mucho más humanas.

¿Por qué repetimos ciertos comportamientos?

¿Por qué parece tan difícil cambiar?

¿Existe realmente un momento en el que podamos romper nuestros propios ciclos?

Al terminar la serie queda claro que nunca trató únicamente sobre viajes en el tiempo.

Trataba sobre nosotros.

Sobre las decisiones que creemos tomar.

Sobre las heridas que heredamos.

Sobre los patrones que repetimos sin darnos cuenta.

Y deja una reflexión que trasciende la ficción.

Quizá la libertad no consista en poder elegir cualquier camino.

Quizá empiece mucho antes: en comprender por qué siempre terminamos recorriendo el mismo.

Porque solo cuando entendemos el origen del laberinto podemos empezar, de verdad, a buscar la salida.

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