Cuando hablo con amigos que están fuera del sector tecnológico, muchas veces no se imaginan hasta dónde hemos llegado.
Ven ChatGPT, Gemini, Claude. Ven imágenes generadas. Ven traducciones automáticas. Y sí, todo eso impresiona.
Pero cuando empiezas a construir cosas, aparece otro nivel.
Empiezas a darte cuenta de que las barreras para crear software se están haciendo cada vez más pequeñas.
Herramientas internas que antes requerían contratar productos externos.
Scrapers a medida.
Clasificadores automáticos.
Sistemas de documentación.
Firmas inteligentes.
Automatizaciones específicas para una única necesidad de negocio.
Pequeñas aplicaciones que antes no compensaba desarrollar porque el coste era demasiado alto.
Es como pasar de comprar trajes en serie a tener un sastre personal.
Todavía estamos lejos de la madurez. Quizá seguimos en la fase del tacatá. Pero incluso así, las capacidades actuales ya son difíciles de ignorar.
Para demostrarlo decidimos hacer un experimento.
Construimos «Ages of Antitropic», un pequeño juego de estrategia en tiempo real.
Recolectas recursos.
Construyes edificios.
Creas una sociedad.
Investigas tecnologías.
Te defiendes de depredadores, saqueadores y criaturas más peligrosas.
Tiene sistema de guardado, IA para personajes, investigación, oleadas de enemigos, progresión, edificios, economía y combate.
Nada revolucionario.
Y precisamente esa es la parte interesante.
No buscábamos hacer el próximo gran videojuego.
Buscábamos medir cuánto cuesta convertir una idea en algo que funciona.
Hace no tanto tiempo, un proyecto así habría requerido semanas o meses de trabajo para una sola persona.
Hoy puede construirse en un fin de semana de experimentación o en unas pocas semanas de trabajo relajado.
No porque programar haya desaparecido.
No porque la IA haga magia.
Sino porque muchas de las tareas repetitivas, tediosas o mecánicas han dejado de ser el cuello de botella.
2026 empieza a sentirse como el año en que la distancia entre la imaginación y la pantalla se redujo de forma visible.
Y sospecho que esto no ha hecho más que empezar.
Os dejo disfrutar del resultado.
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