Con tecnicismos, usando IA

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El correo electrónico sigue siendo uno de los mayores cuellos de botella de cualquier empresa.

No por falta de herramientas.
Sino porque casi todas siguen funcionando igual que hace diez años.

Filtros estáticos. Etiquetas manuales. Reglas rígidas.
Y humanos clasificando correos repetitivos durante horas.

El problema empeora cuando gestionas múltiples buzones de clientes distintos. Ahí ya no hablamos de productividad. Hablamos de caos operativo.

La idea detrás de este proyecto era simple:

¿Se puede construir un sistema que lea, entienda y actúe sobre correos electrónicos en segundos… sin intervención humana?

No un chatbot. No un “copilot”.
Un sistema operativo de triaje real.

La arquitectura es relativamente sencilla:

Gmail detecta un nuevo correo.
Pub/Sub lanza el evento.
Una Cloud Function procesa el contenido.
Gemini evalúa reglas definidas desde un panel web.
Y el sistema ejecuta acciones automáticamente.

Etiquetar. Archivar. Reenviar. Marcar como urgente.
O combinar varias acciones simultáneamente.

La parte interesante no es la IA.
Es el contexto.

La mayoría de asistentes actuales no entienden cómo funciona una empresa concreta. Este sistema sí, porque las reglas viven dentro del negocio:

“Si viene de este cliente, marcar como VIP.”
“Si detectas urgencia, reenviar al responsable.”
“Si es una newsletter, archivar.”

Gemini simplemente decide qué reglas aplicar basado en tu estandar.

Porque la IA deja de ser una herramienta genérica y empieza a comportarse como una capa operativa.

Otro detalle importante era evitar el infierno habitual de Google Cloud cuando aparecen nuevos clientes.

Cada buzón se autoriza mediante OAuth desde el navegador del propio cliente. El administrador nunca toca contraseñas ni entra en cuentas ajenas.

Todo queda aislado por mailbox:

Reglas, labels, secretos OAuth, métricas, logs, costes, automatizaciones.

Multi-tenant real.

Y sorprendentemente barato.

El coste medio ronda ~$0.0001 por email procesado usando Gemini Flash Lite. Lo suficiente como para automatizar cientos o miles de correos al día sin que la infraestructura se convierta en el problema.

Quizá esa sea la parte más interesante de todo esto.

La IA empieza a ser realmente útil cuando desaparece de la interfaz y se convierte en infraestructura silenciosa.

Menos “pregúntale al modelo”.
Más sistemas que reducen fricción sin llamar la atención.

Ahí es donde probablemente empieza la siguiente etapa de la automatización.

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