Vivimos mejor que nunca… y, aun así, a veces no basta.
Tienes estabilidad, relaciones, salud, estímulos constantes. Todo está “bien”. Pero aparece algo difícil de explicar: una sensación de fondo, silenciosa, que no desaparece. No es tristeza. No es depresión. Es más sutil. Es como ver la vida con claridad… y que esa claridad quite peso a todo.
Este sentimiento tiene nombre en filosofía: vacío existencial o, más cerca de lo cotidiano, ennui. No nace de la falta, sino de lo contrario: de haber cubierto muchas capas y descubrir que, debajo, no hay un “sentido final” esperando.
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