Lo que tú llamas yo. Lo siento, es autonarrativa, no existe.
El “yo” se sostiene sobre tres supuestos que no resisten observación directa.
a) Autoría
“Yo pienso mis pensamientos.”
Pero no puedes predecir cuál será tu siguiente pensamiento antes de que aparezca.
La mente produce el pensamiento.
La consciencia lo reclama después.
La autoría es retroactiva.
b) Continuidad
“Soy el mismo de ayer.”
Pero lo que existe realmente es:
memoria + narrativa.
Una historia coherente que el cerebro construye para mantener estabilidad.
No una entidad fija.
c) Control
“Yo decido.”
Sin embargo, muchas decisiones aparecen tras procesos inconscientes medibles.
El cerebro inicia.
La conciencia se entera.
La consciencia no siempre decide.
A menudo interpreta lo ya decidido.
Conclusión
El “yo” no es el director del sistema.
Es más bien el portavoz.
Una interfaz narrativa que explica lo que el cerebro ya está haciendo.
No decides tus pensamientos.
No eres idéntico al de ayer.
No controlas la mayoría de tus decisiones.El “yo” no es el origen del proceso.
Es la historia que el proceso cuenta sobre sí mismo.
La creación del yo, Anil Seth.
El error de Descartes, Antonio Damasio.
El intérprete, Michael Gazzaniga.
La ilusión de la voluntad consciente, Daniel Wegner.
Libre albedrío, Sam Harris.
Decidido, Robert Sapolsky.
La creación del yo, Anil Seth.
Razones y personas, Derek Parfit.
El río de la conciencia, Oliver Sacks.
La sociedad de la mente, Marvin Minsky.
El yo de la mente, Douglas Hofstadter y Daniel Dennett.
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