Human-in-the-Loop

Revolucion de las maquinas

Cuenta la leyenda que, cuando el cine nació, algunos espectadores se sobresaltaron al ver una locomotora avanzar hacia ellos en la pantalla.

Mi abuela creía que el hombre diminuto que aparecía en la televisión podía verla desde dentro del aparato.

No es difícil reconocer el patrón.

Cada vez que aparece una tecnología nueva, aparece también el miedo.

Hoy ese miedo se llama inteligencia artificial.

Vendrá a quitarnos el trabajo.
Vendrá a quitarnos los recursos.
Quizá incluso la existencia.

En este blog se habla mucho del miedo, y no es casualidad. El miedo es uno de los motores más profundos del comportamiento humano.

Probablemente sea nuestra amígdala funcionando como un informático prudente:
si el código ya funciona, mejor no tocarlo demasiado.

¿Quién sabe qué puede romperse?

Sin embargo, la historia nos cuenta otra cosa.

Cada gran salto tecnológico —la imprenta, la máquina de vapor, la revolución industrial, internet— ha generado exactamente la misma reacción inicial. Y, sin embargo, el resultado casi siempre ha sido el mismo: más herramientas para controlar nuestro entorno.

Y pocas cosas le gustan tanto al ser humano como controlar el entorno.

Nos movemos entre dos fuerzas muy simples:
miedo a la vida y búsqueda de control.

Lo curioso es que incluso nuestra capacidad para resolver problemas nos termina asustando.

La inteligencia artificial probablemente sea otro de esos momentos.
Un cambio grande, sí.
Pero no necesariamente un cambio apocalíptico.

Puede que simplemente estemos ante una nueva herramienta que reorganice el tablero, como tantas otras antes.

Hay una frase que resume bien esta situación:

“Monos con tecnología de dioses.”

Pero incluso esa frase puede exagerar nuestra importancia.

Si viajamos muy atrás en la historia de la Tierra encontraremos algo mucho más radical. Hace miles de millones de años, unas bacterias simples empezaron a liberar oxígeno como residuo metabólico.

Ese oxígeno era tóxico para casi toda la vida existente.

El resultado fue una enorme crisis biológica conocida como la Gran Oxidación. El oxígeno resultó tóxico para gran parte de la vida existente y el planeta cambió de configuración.
Las bacterias cambiaron el planeta entero… simplemente haciendo lo que sabían hacer.

Metabolizar.

Nosotros quizá no somos tan distintos.

No somos dioses.
No somos una anomalía cósmica.

Somos animales modificando su entorno porque eso es exactamente lo que hacen los sistemas vivos: evolucionar.

Y dentro de ese proceso, el miedo también tiene sentido.

El miedo es un sistema de contención de riesgos.

Gracias a él no tiramos piedras a los leones para ver qué pasa.
Gracias a él no detonamos bombas nucleares por simple curiosidad.

Pensar en los peores escenarios de la inteligencia artificial no es necesariamente irracional. Es parte del mecanismo que nos obliga a ir con cuidado.

Pero incluso así, quizá convenga quitarle un poco de dramatismo.

La inteligencia artificial ya está aquí.
Es una herramienta más en nuestra larga colección de herramientas.

Ha venido para quedarse, de una forma u otra.

Y si el futuro termina siendo transhumanista, lleno de máquinas inteligentes y humanos aumentados… bueno.

A muchos tampoco nos disgustó ver a Schwarzenegger en Terminator.

Al fin y al cabo, también podría ser una buena aventura.

Bienvenidos al futuro.

No tengáis demasiado miedo.

Apoya este blog

Si quieres apoyar el blog con una aportación.

Comentarios

Deja una respuesta