De el superyó de Freud al panóptico interior de Foucault, existe una misma intuición: el control social no necesita vigilancia constante.
Acabamos vigilándonos solos.
El juicio del grupo termina instalado dentro de la propia mente, encarcelando la iniciativa antes incluso de que se exprese.
Por muy evolutiva que sea la crítica, reconozco que me incomoda.
Entiendo sus beneficios.
El grupo ha sido imprescindible para la supervivencia humana.
Gracias, grupo.
Pero conviene recordar que la crítica, cuando se vuelve omnipresente, puede pasar de ser una herramienta útil a convertirse en un freno.
Su lógica ideal sería algo así:
ideas caóticas → crítica → refinamiento
Primero exploración.
Después evaluación.
El problema aparece cuando el orden se invierte.
Cuando la crítica llega demasiado pronto, se convierte en la principal asesina de la exploración independiente.
La historia está llena de ejemplos:
Cantor fue ridiculizado por su teoría de conjuntos.
Boltzmann fue atacado por defender la existencia de los átomos.
Wegener fue ridiculizado por proponer la deriva continental.
Semmelweis fue expulsado por sugerir que los médicos se lavaran las manos.
La crítica no siempre optimiza.
A menudo simplemente conserva la tradición.
El proceso creativo parece necesitar dos fases distintas:
exploración → evaluación
caos → lógica
Mi temor es que la lógica se anteponga al caos, y que la exploración muera antes de tener tiempo de desarrollarse.
Esta entrada no es una petición a la sociedad.
Es una declaración personal.
Voy a reducir deliberadamente mi sensibilidad al juicio social durante la fase creativa.
Aceptando una verdad incómoda:
no se puede —ni se debe— gustar a todo el mundo.
Es estadísticamente imposible.
Quizá la pregunta más honesta en cualquier proceso creativo sea esta:
Imagina que nadie pudiera opinar sobre lo que haces.
¿Seguirías haciéndolo?
Si la respuesta es sí, probablemente estás en terreno fértil.
Desde una perspectiva neurobiológica, el crítico interno y la energía creativa compiten dentro del mismo sistema cognitivo.
He decidido darle prioridad a la segunda.
Disculpad si a veces sueno extraño, exagerado o incluso absurdo.
Intentaré disfrazarlo de intuición infantil.
Prefiero correr ese riesgo antes que convertirme en otro ladrillo más en el muro.
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